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6 ene 2016

“Venezuela no se ha dado cuenta de lo que se perdió”

Vicente García sobreviviente de la tragedia de La Llovizna

Hace 50 años, Venezuela se estremeció con la tragedia ocurrida en el salto de La Llovizna, en la que murieron ahogados 40 educadores, que cayeron al río Caroní durante una excursión a la exuberante región de Guayana.



Actualmente el puente de La Llovizna es sólido, está armado en concreto. Gráficas: Archivo
 Ailyn Hidalgo Araujo.-

Las víctimas formaban parte de una delegación de más de 400 educadores, de todo el país, que celebraban la XIX Convención Nacional de la Federación Venezolana de Maestros, reunida en la sala Cuyuni de la Siderúrgica de Matanzas, estado Bolívar. Aquél domingo los dirigentes magisteriales atendieron una invitación del Concejo Municipal del Distrito San Félix que organizó, en su honor, una fiesta en una de las islas que formaba el río Caroní. Hoy DLA entrevista al profesor Vicente García, quien salvó su vida gracias a una morenaza que se le atravesó en el camino. Así rendimos homenaje a todos los educadores en su día.

El valor de la vida es incalculable, la muerte irreversible y el momento de perderla, casi, impredecible. Sin embargo, a la historia le agrada jurar que algunos hechos han ocurrido por el bien de la patria. En Guayana colgaba (Ya no. Y sin razón aparente) una placa en homenaje a la Federación Venezolana de Maestros (VFM), la cual sellaba: “Los maestros caídos en el Caroní son cuota de vida pagada al progreso de Venezuela”. Pero esta, es apenas, lo último, más no el final, de la “tragedia de La Llovizna”, hoy revelada palmo a palmo, y en exclusiva, por el sobreviviente a esta catástrofe, Vicente García, maestro trujillano de trayectoria honorífica:

El dolor muscular se expande en el cuerpo, la congestión nasal abruma, el sentimiento de desequilibrio a temperatura alta pesan, las medicinas no ayudan y solo el ímpetu de García lo mantiene psicológicamente enérgico. Aunque, no haga más que emitir quejidos de “muerte lenta”.

En eso aparecen Adolfo Navas Coronado y Carmelo Cárdenas vestidos en batas de baño. Entre risas y satisfacciones por la comida y bebida disfrutada en la bienvenida de los maestros a Guayana, con una limonada “bien caliente” en manos, entregan a García este té que “como por arte de magia” y con el salir del sol del domingo, da pie a un rostro del docente un tanto restablecido.

 “Me hicieron desayuno y nos fuimos a conocer  aquellas tierras vírgenes para nosotros. El paseo de La Llovizna ofrecía ¡Una inmensidad de paisajes! Y aunque estaba dispuesto a perdérmelo, me sentí comprometido a asistir. Es que yo era ¡El reportero gráfico! Así que tomé mi cámara, mi filmadora y allí comenzó lo bueno. Por todos lados había mujeres ¡Voluminosas! –presiona la garganta- Y no nos quedó más que comenzar a ponerles su nota, como buenos maestros ¡Ja,ja,ja!”, introduce.

Desde el 1 al 20 era la escala, y a punto de llegar al puente, preocupados de la risa no encontraban a una dama que pasara los 15 puntos. Para el grupo de profesores ya mencionados, además de José Antonio Velázquez, Pascual Ignacio Villasmil y Napoleón Ramírez, la evaluación se ponía difícil ¡Hasta qué…! Vicente García dio “con la mejor estudiante”.  

“Aquella era una morenazaaa…Adolfo la vio primero y yo me voltee completo para no dejarla ir. Cuando me giro y veo ¡Ese monumento! Dije –¡Está eximida!- ¡Ja,ja,ja! Y ni corto ni perezoso me presenté y le pedí una bueeena…foto”, recuerda el maestro mientras sus colegas se adelantaban para regresar por el famoso puente donde se produce la llovizna como unión de los ríos Caroní y Orinoco.

Colgada del cuello

 “Napoleón fue rápido y se salió. Nosotros apenas llegábamos y tomamos fotos más lento ¡Es que había muchas distracciones! –vuelve a tragar grueso- Y cuando estoy ocupado ¡Con la morenaza! una maestra subdirectora me grita que vaya con ellos al puente”, relata Vicente García.

El estruendo del choque del agua es tan ruidoso que tapa los oídos. Aquella agua rojiza con el impacto se vuelve cristalina, y los trabajadores del parque en intentos frustrados se esmeran en advertir que el puente está muy cargado. Había muchos maestros, familiares y turistas allí posando sin el más mínimo cuidado. Entonces así, sin notarlo, una guaya se desprendió despacio y arrasó de la manera más rápida el recorrido por aquella madera fuerte. El puente de inmediato cedió, los maestros comenzaron a caer, sus gritos apenas se notaban con aquel sonido que antes embelleció el camino, y la catástrofe concluyó cuando las guayas se enrollaron unas con otras y dejaron el puente arrastrado por la pronunciada corriente del río.

“La subdirectora que me llamaba se movió segundos antes, se me colgó al cuello y se salvó. El difunto Pietro Figueroa ¡Que casi no tenía orejas! Recibió un golpe en la oreja izquierda. Y yo sin palabras no dejaba de repetirme: -Venezuela no se dará cuenta de lo que se perdió-”, señala hoy García con lágrimas que no terminan de salir de sus ojos. La fuerza de maestro la mantiene intacta ante el fallecimiento de sus colegas, compañeros y aún más, amigos.

“En aquella época ser maestro no era decir –que más queda- significaba ser una eminencia. Grandes personas y educadores excelentes han caído. El desastre no se medirá jamás. No fue la cantidad, fueron los cerebros que en el Caroní se quedaron. Se nos fueron Villasmil y Adolfo. Murió un chileno, muy capaz y bella persona, autor del libro “Abajo Cadenas” que sirvió de ejemplo en toda América Latina para aprender a leer y a escribir. Y ¡Cómo sería! que hasta todos mis males también se fueron”, expresa García al cerrar con la personalidad jocosa que lo caracteriza.

Apunta que el hecho ocurrió a eso de las 11:15 de la mañana. El paseo había comenzado una hora antes, y tras la tragedia hay algo que tampoco podrá borrar de su memoria:

 “Presencié el caso de un señor de San Cristóbal. En el momento que cae el puente. Así, sin que nadie pudiera hacer nada para ayudar o impedir, este señor sostiene a sus dos hijos fuertemente de las manos. Al más pequeño lo tiene seguro en la orilla, pero al más grande a punto de caer. Y entonces por no dejar ir al primero, no aguantó el peso y se hundieron con el puente los tres”, se friega los ojos y  esparce sus palmas por el rostro. García vuelve a buscar las fuerzas de un maestro en su aula de clases, y continúa con la historia.

''No nos cayó el Caroní'' 

A García no le sucedió lo que dicen muchos, eso de que sienten que les pasa la vida por los ojos cuando piensan que están a punto de morir. Por el contrario, García pudo notar cómo una turista hipnotizada de nervios, paralizada de pánico y sin voz del susto, logró librarse de la tragedia.

“Ella estaba en el puente, no miró el agua y cayó de pie a una tierra que estaba justo debajo suyo. Tiraron piedras para bajar a buscarla. Llegaron helicópteros, pero no podían aterrizar entre tantos árboles. Y por fin un bombero se amarró a un árbol, bajó y salvó a aquellos que quedaron aislados. Incomunicados. ¡Y entre esos estaba yo!”, acentúa con la cabeza.

Sigue: “Ahí vino la odisea. A las mujeres les pusieron una especie de sillita, carrucha. Se sujetaron, se sentaron y cruzaron el río. A los hombres, Napoleón, Cárdenas, el jefe de Zona Saúl Rodríguez y yo, nos cayó ¡Un aguacero!, la negra se me fue, la foto la saqué, pero la cámara y filmadora se me perdieron, y yo sé que ahora, después de todo eso ¡Sí voy a durar! ¡Todavía vivo, imagínese! Desde ahí cada año Dios me aprueba 20 años más de prórroga”, se carcajea.

Cuenta que a las 6:30 de la noche ¡Por fin! Bajaron una cuerda para que ellos salieran. Dijeron que tenían que amarrarse para bajar a una “lanchita”, “pero, yo como buen gocho me resistí. Todo el mundo estaba “resestió” dijeran en mi tierra San Lázaro, pero de los de San Lázaro finos, no como cierto de ahora… Y pues mamando gallo como siempre tuve que bajar. Se me sentaron unos grandulones por cada lado. Y cuando vi a un flaco adelante dije –más que sea del cuello lo agarro, así sea lo ahorco ¡Ay paisanos! Cuando vi esa agua me entró ese miedo!  

Al amanecer del lunes, a García y a Adolfo Navas les tocó ayudar a buscar a los desaparecidos. Los de Trujillo no se hallaban, hasta que a alguien se le ocurrió la idea de agarrar una guaya a un camión y alzar todos los escombros. “En eso salió la ¡Nube de cadáveres! otros habían recorrido en las aguas una distancia como de 6 kilómetros. Y, sorprendentemente, entre el río, Adolfo pudo reconocer el cadáver de su hermano, quien aún llevaba en la derecha del pecho una insignia del logo de los maestros”, detalla.

“Yo me encargué de identificar el resto de los cadáveres que estaba irreconocibles. No comí ni aquel domingo, el lunes, el martes y creo que ni el miércoles. No podía. Al final nos iban a traer en un avión militar de esos que no tienen asientos, y resultó que los sobrevivientes llegamos a Trujillo en un bus como los propios cochinos. Pero me salvé, y también salvé a la negra, o la negra me salvó a mí.  Lo cierto es que aquí estoy. Y repito, la gente no se ha dado cuenta de lo que allí se perdió. Y menos mal quedé yo, si no hubiera sido peor ¡Je,je,je!, se ríe pero mantiene una mirada nostálgica, mientras uno de sus colegas hoy presente en la entrevista agrega: “a pesar de todo, no nos cayó el Caroní”.

Lo único que queda

En la vuelta al presente, se pregunta al profesor Vicente García cómo ve la situación actual del docente en Venezuela, y tajante responde –no la veo- y expone: “Eso está oscuro. El problema es que en primer lugar no somos copartícipes de nuestra profesión. Empiezo a dar clases y cuando asciendo me olvido de dónde vengo. Se pisa en vez de llegar a los demás a nuestro mismo ritmo. No hay nada más importante que ser profesor. Sin que me quedé nada por dentro. El país siempre ha buscado mejorar la educación, sea del gobierno que sea. Pero de qué modo y cómo, si no preparan al educador”.

Continúa: “Cada docente debe hacerse sentir como docente. Si hoy doy una clase sobre la sal, mañana la clase tiene que ser mejor. Más salada ¡Ja,ja,ja! No mentira, Pero sí nos hemos olvidado de leer. El uso o abuso de la tecnología es importante recordar. Hay que decirlo con fuerza: soy educador, soy docente. Y que mis colegas no olviden, que ya la última partícula no es el átomo, ahora es el nano. Y por eso siempre que demos clases debemos decir por delante: “Esto es lo que conocemos hasta el momento''. 

Perfil profesional

En su perfil profesional el maestro Vicente García, a sus 83 años de vida, informa que empezó como educador sin serlo gracias a unas suplencias.  Continuó como maestro tipo “B” a los 28 años. García trabajó en la escuela Ricardo Labastidas (de la que también fue director), se graduó como Maestro Normalista del Colegio Monseñor Mejía,  fue director de la escuela Josefa Espinoza del Gallego, estuvo en la Dirección de Educación como coordinador administrativo y luego como coordinador docente, se convirtió en Director de Educación encargado hasta el año 1986. Fue nombrado director regional del Instituto Nacional del Menor; (Inam), al jubilarse trabajó en la escuela nocturna para adultos; le otorgaron la medalla “27 de Junio” en su segunda clase por el Ministerio de Educación, fue tesorero de la Cooperativa de Trabajadores de la Enseñanza. Fue cofundador del Colegio Ignacio Martín Burk junto con el hoy difunto profesor González Rumbos el famoso ''Cateto''. Formó parte de un equipo de béisbol en Flor de Patria, municipio Pampán, fue maestro de Numa Barrios, quien fue presidente de la Federación Venezolana de Maestros (FVM).

Mariana de Villasmil y el antes de…

Que no falte la corbata negra

Su llegada se anunciaba cuando “Marchita” (una de sus hijas) pegaba una carrera hasta la entrada. Pascual Ignacio Villasmil soltaba los libros que envolvían sus brazos, saludaba con un cariño característico a la pequeña, se desmontaba su paltó para que lo guardaran y de inmediato se recostaba en la cama con las “chanclas” ya listas en el suelo para cuando dispusiera levantarse a cenar.  

Tres bibliotecas dejó intactas tras su muerte trágica a los 38 años, y con una trayectoria marcada no solo como maestro, sino como padre y amigo, Villasmil se ganó que la escuela anexa a la normal de Bella Vista, municipio Valera, hoy lleve su nombre estampado al frente y en el recuerdo de una altísima cantidad de estudiantes a quienes les buscó trabajo y aconsejó en cada momento de su existencia. Según relatos de quienes lo conocieron.

“Fue un hombre bueno, magnífico. Lo conocí en Pampanito. Mi abuela le vendía el almuerzo. Fue un amor a primera vista. Su comportamiento, trato, caballerosidad…y las cartas que me escribía, me hacen recordarlo cada día de mi vida”, expresa Mariana, quien asegura que sus hijos nunca conocieron “un correazo de su papá”.

“Leer era su vida. Ni peleábamos ni discutíamos. Solo me molestaba que se iba para el Club de Magisterio a jugar dominó y llegaba muy tarde. De resto no tengo nada que decir de él. Hasta el último día en que lo vi, se despidió con el amor de siempre. Hoy doy gracias a que sus hijos son hombres de bien”, agrega Mariana y menciona que uno de sus descendientes, el mayor, falleció por una enfermedad. Era Licenciado en Administración. La segunda hija vive en Mérida, es educadora y jefa de supervisión de escuelas. El resto se desempeñan en profesiones como: Ingeniero en Petróleo, Técnico Superior Universitario en Electricidad y TSU en Construcción Civil.

Dios guarde

El recuerdo se ha hecho parte de la cotidianidad  de Mariana de Villasmil, quien al mencionar a su eterno amado suelta las lágrimas, hace resaltar sus pestañas blancas, y de inmediato recupera el habla gracias a la firmeza que la vida le regaló desde que tuvo que fungir como madre y padre de sus 7 hijos. Asimismo, Mariana solo se reclina hacia adelante y mira con molestia cuando se le pregunta si se volvió a casar. De un sopetón suelta: “Dios guarde. No me volví a casar”, después de los 12 años de unión que tuvo con el profesor Villasmil.

La dama no revela si cree en el destino o en los designios de la vida, aunque con la seriedad que asume a sus 89 años de vida, los mismos 89 que hoy tuviera su marido, afirma que Pascual Ignacio Villasmil durante sus 12 años de matrimonio no dejó de repetirle que ella solo iba a trabajar cuando él muriera.

“Y dos meses antes de irse a esa convención, le dice que quería estar más cerca de él y quería trabajar. Entonces me buscó un empleo de secretaria allí en la Normal. Después de la tragedia no pude seguir, me dediqué a criar a mis muchachos, y la FVM me trató tan bien que me concedieron una pensión”, cuenta.

Informa que se enteró del hecho cuando los profesores llegaron a Valera, pese a que un día antes su vecina mencionó que había ocurrido una tragedia en Venezuela. “Yo había puesto el radio y no funcionaba. Le puse un disco y nada. Pensé que se había ido la luz. Y cuando vi que nada hacía que trabajara, dejé de intentar. Después….fue que la vecina volvió y me dijo -allá donde está su esposo, fue donde ocurrió el accidente”.

“Yo no quería que Pascual fuera a ese viaje. Me parecía que era muy lejos. Él quería llevarme a la convención de maestros junto a nuestro hijo mayor, pero me negué. Hasta le dije que no le iba a hacer la maleta. Entonces él llamó a sus sobrinas y les fue diciendo a cada una que le iban a empacar. En eso mete una corbata negra y todas le preguntamos que para qué una corbata negra si allá en Guayana no la iba a necesitar. Y como siempre pensó en los demás, su única respuesta fue: “Si no la necesito yo, puede que la necesite otro”.

El dato

La tragedia de La Llovizna ocurrió el domingo 23 de agosto de 1964, durante la IX Convención de Maestros, organizada por la Federación Venezolana de Maestros (FVM), en la ciudad de Guayana. La Gobernación del estado Bolívar informó que allí murieron 50 maestros, algunos de sus familiares y turistas. Sin embargo, “nunca se supo con exactitud la cifra de fallecidos”. Para ese encuentro, los docentes trujillanos llevaban la propuesta de que los docentes que egresaban como técnicos, pudieran ingresar a la universidad de manera directa y sin “muchos trámites”.

Crece la indigencia

Misión Negra Hipólita de Trujillo no da acceso a la información 

En este año 2014, la Alcaldía de Valera censa a 200 personas en situación de calle. De esta población, el 50% no es nativa del municipio, 40% afirma que se quieren quedar en esa condición y a un 60% sí le gustaría reinsertarse en la sociedad de manera productiva, o pertenecer a un hogar

En solo un año, desde el 2012 al 2013, los indigentes pasaron de 66 millones a 68 millones, lo que muestra un aumento de 0,2% (2 millones) de acuerdo a la Cepal. 
 Ailyn Hidalgo Araujo.-

Crece la indigencia en Trujillo y cuantificarla cada día es un obstáculo más alto. Los coordinadores estadales de la Misión Negra Hipólita aseguran que no están autorizados para dar “ningún tipo de información a los medios de comunicación”, y desde distintas oficinas adscritas a alcaldías y gobernación, afirman que los casos son manejados directamente por las comunidades terapéuticas que prestan atención integral a las personas en condición de calle, y pertenecen a la misión.

Solo en este año 2014, sin registros de años anteriores, la actual gestión de la Alcaldía de Valera censa a 200 personas en situación de calle. De esta población, el 50% (100) no es nativa del municipio, 40% (80) afirma que se quieren quedar en esa condición, y solo a un 60% (120) sí le gustaría reinsertarse en la sociedad de manera productiva, o pertenecer a un hogar

La información la da a conocer el director de Desarrollo Social de la Alcaldía, Robert Ramírez, quien dice que el perfil de las personas en condición de calle es muy variado. Tienen personas de ambos géneros (masculino y femenino), adolescentes, adultos, ancianos y, aparentemente, no hay niños y niñas.

“Un bajo porcentaje de estas personas pasan todo el día en la calle, y en la noche se van a sus casas. Otros no tienen problemas de drogas, ni licitas ni ilícitas; su situación es solo pobreza, abandono, depresión. Y algunos no dan sus datos porque han tenido problemas de delitos, o se han fugado de la cárcel”, explica Ramírez.

Agrega que los mal llamados “indigentes” cuentan que el gobierno nacional los trasladó a la entidad para recibir atención integral en los centros terapéuticos, pero, como no es obligatorio que permanezcan allí, sino voluntario, deciden volver a la calles.

En archivos de este rotativo se registra que, de las 35 comunidades terapéuticas que existen en el país, 2 se ubican en Trujillo. Una, en el municipio San Rafael de Carvajal, “Ludovico Silva”, con capacidad para 135 hombres, entre los 18 y 59 años; y otra en Escuque, “Barbarita de la Torre” con albergue para 20 damas.

Director Ramírez: “El 10 de diciembre, Día de los Derechos Humanos, haremos una gran jornada para atender a nuestros hermanos en situación de calle”.
Cifras sin acuerdos

En una revisión a las declaraciones ofrecidas en este año 2014 por el presidente nacional de la Misión Negra Hipólita, Walter Gavidia, se observa imprecisión en las cifras reportadas por el titular del ente:

El 14 de enero, Gavidia dijo a la prensa del Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv), que en 8 años de gestión de Negra Hipólita, desde su creación en 2006 hasta la actualidad, han atendido a 22.577 personas, distribuidas y detalladas en ese lapso de tiempo así: “En el año 2007 se captaron 1.808, en 2008 llegaron a 2.109, en 2009 atendieron 2.542 ciudadanos, en 2010 alrededor de 3.390, en 2011 recibieron 6.112 y en 2012 a 6.616”.

El 27 de marzo, el titular informa a Noticias24 que “en los ocho años que lleva el plan se han atendido a 35.000 personas en situación de calle”. Es decir, 12.423 habitantes más que los expuestos hace 3 meses.

Al mismo medio de comunicación, el 13 junio, Gavidia afirma que “más de 1.364 personas se han incorporado a la misión este año, con lo que se llegó a más de 2.300 ciudadanas y ciudadanos atendidos”. Agrega que “para prestar el servicio cuentan con un talento humano de 2.736 empleados”, lo que significa que para ese año, eran más los trabajadores de la misión, que las personas atendidas.

Hace un mes, el 17 de octubre, el titular declara a Noticias24 que Negra Hipólita ofrece tratamiento a más de 1.200 personas en situación de calle, incorporan a otras 1.364 y esperan llegar a 4 mil al final del año, meta que hace 6 días, el 7 de noviembre, publica a través de la Agencia Venezolana de Noticias (AVN), que ya ha sido cumplida.

 “4.953 ciudadanos atendidos por la Misión Negra Hipólita. 3.441 han seguido en los programas dirigidos a la atención integral y actividades socio productivas”, pero, de esta población menciona que el 47% ha vuelto a la calle y el 90% presenta alguna adicción.

Soluciones

 “Tal vez el indigente es un profundo emprendedor. Solo por eso se atreven a vivir en la calle. En ellos puede haber un gran potencial productivo, y por eso estamos en el trabajo de planificación. Recibimos una alcaldía con las arcas vacías y una dirección con apenas 500 bolívares de presupuesto. Para el 2015 sí ya tenemos un recurso estimado de  3.500 bolívares para iniciar los planes y programas”, apunta el director de Desarrollo Social de la Alcaldía de Valera, Robert Ramírez.

“Queremos ofrecerles vestimenta, medicinas, ayuda espiritual y física. En el censo descubrimos que unos cantan, tocan un instrumento musical, saben hacer un oficio…y, en su gran mayoría, no disponen de ayudas, ni del gobierno ni de ningún sector. Muy pocos tienen la pensión Amor Mayor. Y eso es insuficiente”, señala.

Para incorporar a estas personas a la sociedad, Ramírez propone que quienes deseen seguir en la calle se conviertan en los protectores de los espacios que ocupan y los mantengan aseados y cuidados. “A cambio de la recolección de basura, les daremos comida y ropa, necesidades básicas. El dinero no es una opción. Se quiere evitar el consumo de drogas”, precisa, y acota que los lugares donde diariamente se ubican las personas en situación de calle son: bulevares, plazas, el Mercado Municipal, Hospital Central de Valera y cerca de una clínica ubicada en el centro.

Pobreza extrema: sin claridad  

En una década, del 2003 al 2013, Trujillo pasó del 29.4% (172.850 habitantes) al 6.2% (45.429) de personas en pobreza extrema. Esto significa una reducción del 23.2% (127.421) y una mejora, al subir del puesto 15 al 19 entre los estados menos pobres de Venezuela, reseña el Instituto Nacional de Estadísticas (INE). Pero, el organismo indica que el método de medición fue aplicado a hogares en base a “línea de pobreza, necesidades básicas insatisfechas y pobreza crónica”; no se explica el patrón de los indicadores. Y si el censo fue aplicado solo en “hogares”, quiere decir que no se tomó en cuenta a los habitantes que “viven en la calle”. El portal web de la Misión Negra Hipólita, exclusiva para la atención de la personas en situación de calle, tampoco ofrece cifras sobre la conocida “indigencia”. Incluso, en su sección “Logros”, no aparece ningún tipo de información.

El dato

Desde inicios de año hasta hace 6 días, el presidente de la Misión Negra Hipólita, Walter Gavidia, anuncia la creación de un proyecto de ley que obliga a las personas en situación de calle a incorporarse al proyecto de atención integral que ofrecen. Hasta ahora, la ayuda que brinda el gobierno solo puede ser recibida de manera voluntaria  

Las cifras

164 millones de latinoamericanos se encuentran en pobreza desde el año 2013. De ese 27,9 % de la población, el 11,5% (68 millones de personas) está en extrema pobreza o indigencia; según el informe anual de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) de la Naciones Unidas

Arropados en libertad

“El indigente de los perros” cree que en la calle “deja de estorbar” 

Ailyn Hidalgo Araujo.-

De la pizarra a la acera se resumen un aproximado de 50 años de vida. El físico golpeado por los vicios, poca claridad revela en una persona que se olvidó del tiempo y ahora marca su paso solo con la puesta del sol. Desde aquel niño que hasta el cuarto nivel de primaria pisó una institución educativa, el hombre de hoy se niega a rememorar la mala compañía que opacó su habilidad para vencer a las matemáticas.
Carlos afirma que solo acepta una casa en una zona montañosa cerca de la ciudad. Foto: Karol Chiquito.

Carlos, conocido como el “indigente de la carreta con perros”, dice sin afán: -En la calle, yo no estorbo”, y expande las pupilas para precisar a quienes se le han acercado a dialogar. Retiene entre labios los detalles sobre su vida, pero, en cuestión de segundos, la soledad le obliga a expresar la melancolía oculta detrás de su vestimenta predominantemente negra por las impurezas recolectadas del aire y espacio que alberga su sitio predilecto: el sector Plata I del municipio Valera.

“La insignias me asustan. Y primero, el apellido sí es confidencial y personal. Solo lo digo cuando me pongo papachongo, pero soy criollito, baquiano. Uno a veces no puede decir todo lo que tiene por dentro. No sé qué son ustedes. El que no la hace a la entrada, la hace a la salida”, expresa Carlos al asegurar que es venezolano, y se le “pegó el colombiano por haber andado aquí y allá”.

Cansado de rodar  

Al unir las respuestas de Carlos, se reconstruye su historia, y él, aún en tono solapado, casi en el murmullo “no revela ni cédula ni firma” para prevenir que alguien le quiera dar “chigüire”; simula con sus manos la forma de una pistola y se apunta en la sien.

“Eso me pasó en una compañía. No me querían pagar porque no les di mis datos. Vi muchos chiriperos y decidí coger pa’ acá”, agrega al aclarar que su empleo trataba de descargar o cargar mercancía en camiones.

“Me cansé de rodar. Aquí donde estoy me quedo. Ayudo a los viejitos a cruzar la calle, cuido carros, estoy pendiente, barro, y hasta le busco cosas buenas a la gente”, dice al referirse a un listado donde lleva anotadas a las personas que comprarán baterías de carros en un negocio de la cuadra. Desde los meses de “escasez de estos repuestos”, a la vida de Carlos se le perfila “comodidad”.

“Aquí ahora cualquiera le da a uno algo. Hago el favor de comprarles. Me traen comida lista y me dejo de líos y problemas. Una señora me dijo que me va a regalar un celular. No se lo voy a dar a cualquiera pa’ que no me escriban que me van a venir a molestar”, cuenta y se altera cuando se le pregunta si fue él quien una vez hurtó una camioneta del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc) y condujo vía a Mérida con todo y perros en el vehículo.

“No puedo decir nada de eso. Aquellos están bravos. Yo todos los días me arrumo temprano y me pongo a mirar a la gente que pasa. Unos se burlan, otros me echan piedras y unos que pasan con botellas en la mano, rasca’os, se quieren venir a meter conmigo”, señala.

Flechazo de Cupido  

Al paso del tiempo, Carlos, al igual que cualquier ser humano, espera el flechazo de Cupido. Lo dice él mismo, quien soba las yemas de sus dedos y afirma la necesidad de una novia que le “saque la tristeza y el aburrimiento”. “A veces llega una loquita por ahí, veo que está limpiecita, tenemos pura charla, platicaita y de ahí no pasa”, relata.

Añade, sin embargo, que “la carne es débil” y por “casualidad ha tenido amores que le han dejado hijos marabinos (de Maracaibo, estado Zulia)”. “No he sacado la cuenta de cuántos son. Unos por aquí, otros por allá… ¡Ja, ja, ja!”, pega una carcajada.

Sobre su familia, Carlos comenta que tuvo múltiples conflictos, “cayó en malos pasos” desde que comenzó a consumir drogas sin cesar y su mamá le advirtió: -Cuando estés en la cárcel no te voy a ir a visitar-. “Empecé con el cigarro por curiosidad. Papá murió, mamá se fue con unas amigas, no hablamos más, y ya no sé dónde vive. Decidí abrir mi libro pa’ no estorbar”, repite, huye de las críticas sin dejar de admitir que se siente triste, pero tampoco ve como posibilidad un reencuentro con sus parientes.

Entra en confianza y precisa que efectivamente estuvo preso en la cárcel de Trujillo y en la cárcel de Mérida. Dos años en cada una. Por fortuna, su buena conducta le otorgó las salidas. “Eso allá adentro era muy extraño. Yo hablaba poco, me retiraba y me presionaban mucho pa’ que hiciera caso”, describe.

En el continuo intento de vivir solo el presente, el entrevistado asegura que dejó de fumar, ahora solo consume una botella de licor que le dura hasta dos y tres días, porque oyó que un poquito “de alcohol en la mañana y otro poquito en la noche, es bueno para alegrar el cuerpo y ponerse cómodo”.

Fidelidad

La fidelidad y compañía que anhela Carlos, hoy la concibe y consuela con sus perros, los cuales le sacan sonrisas instantáneas y en reiteradas ocasiones se le acercan para recibir caricias.

“Los tengo muy consentidos. Tengo 5 perros chiquitos y 4 grandes. No tienen nombre fijo. Les digo ciruela, pasita, coco…Cuando se me ponen malos, les compro aspirinas y los mejoro. Hay que tratarlos bien. Ellos lo cuidan a uno. Algunos son regalados y los otros me los conseguí por ahí”, informa.

Destaca que sus perros no se van porque siempre está pendiente de ellos, les procura comida y hasta cuando a uno lo atropelló un carro, se dedicó a restablecer la pata afectada. Agrega que él no se enferma. Se realiza exámenes, está pendiente de su salud y la rutina de descargar mercancía de camiones lo mantiene fuerte.

“Cuando cae el aguacero nos vamos todos (los perros y él) a bañarnos en un chorro. Nos enjabonamos, lavo la ropa, nos secamos, y cuando se mete el sereno, me recuesto y me pego bien a la pared junto a mis chiquitos”, recuerda Carlos, quien cree que solo en la calle sus días terminan arropados en libertad.

Sin beneficios

Carlos, ciudadano en condición de calle, afirma que no percibe ningún beneficio del gobierno, ni en beca ni en servicios. “No voy al Comedor Popular, no me gusta moverme mucho. Por aquí mismo compro mi sardina, parrillita, cotufas, refresco y me siento muy casero. El gobierno no ha venido. Me dejan tranquilo y así estoy bien”, dice y destaca que diciembre sí la va a pasar “achantado y feo”, pero ya se dedica a hacer su almacén de alimentos.


Acento valerano en poesía y tango

Eglé Briceño Poggioli: “Mis caricias harán que se encienda tu sangre” 

Una justicia tardía abraza el recuerdo de esta dama que partió al cielo sin lograr la longevidad soñada.  A 8 meses de su trágico deceso, amigos y familiares exigen el cese de impunidad que abra puertas de descanso y libertad a la autora de “Tregua”, antología; “Cuarto de solteronas”, comedia teatral; y tres poemarios inéditos

Ailyn Hidalgo Araujo

 “Déjame ahora, liberaré manos y labios también. Mis caricias harán que se encienda tu sangre y surja el varón, seré toda tuya, serás todo mío, juntos moriremos después de la eclosión”, se recita en un fragmento de la antología “Tregua” escrita por Eglé Briceño Poggioli en el año 2012. Hoy, han transcurrido tres años de aquella publicación, y tan solo 8 meses de su trágico deceso.

Conocida por su gran parecido con la actriz Rita Hayworth 
Al olvidar por segundos aquel hecho vial que le arrebató la vida, los textos de Poggioli pasean al lector entre la poesía y el tango con acento valerano. Aún ella baila en las hojas de sus poemarios, encesta al final de cada párrafo como en su juventud lo hizo en juegos de básquetbol, y en cada final logra perpetuar su recuerdo atado a una longevidad soñada que no pudo alcanzar.

Poggioli falleció el 17 de julio de 2014 cuando cruzaba la plaza Las Banderas del municipio Valera. Fue arrollada a la 1:50 p.m. por el chofer de un vehículo Toyota tipo Land Cruiser, color rojo, placas 524-TAF. El presunto victimario fue identificado como G. Olmos de 55 años de edad, quien se entregó a las autoridades, pero, según familiares de la poeta, no duró “ni 2 días detenido”.

El exguerrillero y poeta Andrés Cova Mata rememora el trágico accidente reseñado por el Diario de Los Andes; y exige el cese de impunidad que abra puertas de descanso y libertad a Poggioli, a quien consideró una segunda madre, la persona que lo refugió en su casa cuando no tenía a dónde ir.

“El vehículo le destrozó las costillitas. El golpe mayor fue en la cabeza y tuvo una hemorragia interna. Llegó al hospital viva, pero cuando la intentaron entubar falleció. Se marchó a los 88 años. El 15 de agosto iba a coronarse como la más longeva de su familia”, cuenta Mata.

Timochenco

“La ilusión más grande”, de la autora de la comedia teatral “Cuarto de solteronas” y de tres poemarios inéditos, era cumplir 89 años, pero la muerte, al parecer, no la atemorizaba. Meses antes había expresado a Cova Mata su deseo de irse entaconada al cielo: “Cuando muera, usted me mete en el ataúd con unos tacones que no me haya estrenado”, se carcajeaban… y ese deseo, sí fue cumplido.

En muestra de su irreverencia y espontaneidad, Mata revela que Poggioli falleció siendo “niña”. “Se llevó su virgo. Se lo guardó. Tenía 60 años sin compartir con alguien en la misma casa. Tuvo cuatro pretendientes matrimoniales con vestido, apartamento y todo listo ¡Pero! los clausuró”, cuenta con firmeza.

Agrega que aquellos hombres le decían a Poggioli que debía cortarse el cabello, dejar de usar minifalda  y alistarse para tener 6 o 7 hijos. “Y entonces a uno de ellos le dijo ¿Tú crees que soy una vaca?  ¡Vete al carajo!  Y como no se quiso casar, el papá, coronel de la época de Juan Vicente Gómez, la corrió de la casa -¡Usted arranca!- pronunció, y no volvió a pisar su hogar materno ubicado donde hoy se encuentra el antiguo teatro Ana Enriqueta Terán.

La vida de Eglé Poggioli, de raíces italianas por su madre y de Monte Carmelo por su padre, se debatió entre iniciar estudios de derecho o periodismo, y en ese transcurrir de decisiones se alistó para el básquet. Así, desde la cancha, se ganó el apodo de “Timochenco”, y su coquetería al arreglarse y sus piernas largas la posicionaron como la atractiva dama que se rehusó a contraer nupcias y se refugió entre la poesía y el tango.

“Junto a su prima hermana Nena Rojas, viuda del doctor Rojas, y otras amigas, formaron un club. Salía temprano y llegaba tarde a la casa después de las reuniones. También tenía la costumbre de vestir un uniforme militar cuando caminaba por Valera. Le decían ¡Mi generala! Y sin rencor alguno, esos comentarios la hacían recordar con orgullo a su padre, y por consiguiente a su madre, a quien le dedica su antología.

Luto que no sana

El poeta y también periodista Andrés Cova Mata, a sus 75 años, expone que Eglé Poggioli lo identificó como el hijo que no tuvo. Compartió 12 años en la misma casa con ella, y por eso expresa que aún arrastra un “luto de manera muy grande”. Aclama justicia y pide que la muerte de la poetisa salga de la lista de impunidad.

Poemas: “Tregua”

Muchas veces he sentido

el impulso de volver

volver sobre la ruta andada

sobre mis días claros y noche ciegas.



Debí llegar a mi presente estancia

con las manos llenas

saturadas de todo

con el canto alegre de la primavera

y el sonar divino del riachuelo aquel.

Título: Volver

Aquí

donde me encuentro ahora

aquí

donde el viento azota mis espaldas

con la fuerza incontenible de un ciclón

Aquí

donde se enroscan los recuerdos

a mi cintura abierta

Aquí

donde hoy duermen

mis ansias y rencores no saciados

Aquí

te espero

vendrás por la inoperable

fuerza de un destino compartido

aquí…solo aquí…

Título: Aquí

Siento que he transitado

por duros caminos

tatuándose en mí

las huellas del pasado.

he recorrido sendas

sin tener descanso

he llorado y reído

por lo que fue y perdí.

He escalado montañas

navegado ríos

surcando mares

regresando aquí

he amado en otros lechos

acaricié pasiones

pero al final

me encuentro pensando

siempre en ti.

Qué ironía

el destino nos marcó

otros caminos

a pesar de mi misma

sigo amándote.

Título: Tregua